Galería loulou Lazard

BERLIN 3 de septiembre de 1992
Por KYRA MARALT

Jaime Romero nacido en un pueblo de los Andes ecuatorianos, interpreta la vida a partir de la cabeza de los demás. Su sujeto es el ser humano. En su creación el rezo y el alcohol, los novios románticos y los pleitos familiares, trabajadores curtidos por la vida y niños que juegan casi como fantasmas. Existen palabras en el arcoíris, pisados de un hombre en el sol y el aroma del pecho de una mujer; pero también la sombra de un ojo triste y, sobre los pueblos, la canción semi oscura e intermitente del tótem – campanario.

La estructura dramática en toda la obra de Romero sugiere consecuencias aparentemente inconexas para comunicar la individualidad de sentimientos muy intensas, que definen a cada persona.

De un modo general, los trabajamos se componen de grandes espacios de color ordenados entre si. Esta organización del color a menudo produce una estructura pictórica que parece paisajística, una referencia directa a la naturaleza. La calidad cromática de los matices, así como la consistencia del azul, verde, rojo y blanco frecuentemente trabajados con la espátula, tiene como trasfondo la presencia existencialista de la figura en cuestión. Los protagonistas de Jaime Romero poseen rostros redondos casi infantiles. A pesar de que en la multiplicidad de los rostros casi no se diferencias rasgos particulares, sus singulares características se expresan en ciertas acentuaciones alrededor de la boca, los ojos y la frente. Los brazos sin manos y las piernas sin pies parecen servir de letreros de señalización.

Ellos, y la figure fusiforme y en movimiento, constituyen el punto de referencia para el gesto y la posición, tanto en lo corporal como en lo espiritual.

Jaime Romero pinta la palpitante vida; desde el miedo hasta la caricatura. Y no obstante, en su profundidad expresa haber contraído pensamientos modernos. De esta forma, presenta los vuelos de altura de eros, la descomposición de la naturaleza, la oposición a regímenes autoritarios, los escondidos principios de anarquía y la irrupción de ideas salvajes, pero trabajando el lienzo siempre de manera poética y tierna, lleno de una sensualidad pretorica. Porque la visión poética de la realidad tiene igual valía que la racional.

Aun cuando los trabajamos muestran principios expresivos como naiv, sus pinturas no hace referencia ni a los “ ismos” alcanzados en Europa ni al “ realismo naiv “de tendencia nacionalista que frecuentemente se encuentra en américa del sur. Cabria tal ves la comparación con la tendencia especifica del indigenismo abstracto, en la que la obra artística incluye a la cultura autóctona de manera genuina e, inspirada en la literatura, recoge mitos y los crea, si es necesario. Porque Jaime Romero de ninguna manera lucha por reivindicar la gran civilización que fue su país. Mas bien esta en la búsqueda de su recuerdo junto con los demás.

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