JAIME ROMERO: Diez años pintando….

El 14 de junio de 1961,fue un día de alegría en el hogar de la familia Romero, su sexto hijo, JAIME, acababa de nacer en San José de Minas.

La educación del pequeño se dio en el mismo pueblo, en la escuela fiscal “ Alejandro Larrea”. A los 13 años conoció Quito, fue matriculado en el colegio Mejía para estudiar una carrera, pensando siempre en conquistar un titulo.

El cambio fue sumamente brusco; del dialogo visual de paisaje y campo paso a la vida de la gran ciudad, extraña y hostil. Sin embargo poco a poco se fue adaptando al mundo capitalino gracias en parte al cambio de estudios. Se resolvió por el colegio de artes, de donde egreso en 1982. En ese tiempo, en su taller del maestro Carlos Vicente Andrade, que se convirtió en puntal decisivo para su carrera de artista, tanto que, en noviembre de 1981 resolvió llevar sus cuadro al ejido, para comenzar su aventura de sobrevivir pintando.

Pronto cumplirá diez años n el ejercicio de vender de sábado a sábado con rutina y expectativa. En este transcurrir se acerco a la escuela de bellas artes solo por un año, lo cual, apenas le sirvió para diferenciar las posibilidades profesionales que ofrece una universidad y la compleja calle. Con todo el resolverse¡ por esta ultima, la practica daría en la tarea del arte le llevo a trabajar con materia y color, produciendo formas extraordinarias y extravagantes, fruto de la mezcla de sus ambiciones y delirios. En sus manos, las figuras mas absurdas cobran vida invitándole a no desmayar en sus empeños. Un desfile de colores y armonías le persiguen, empujándolo hacia el desafío de rompe cánones y nomas tradicionales.

Jaime romero, como simple pintor de parque, hizo solo una exposición en la alianza francesa. Ahora, Al cumplir los 10 años de sacar su obra al ejido, exhibirá cuarenta telas en el Hamilton Bank de Miami. Esta celebración lo hace con una muestra diversificada que comprende desde los personajes de extremidades diluidas, pasando por los juegos gestuales de tradición vernácula, hasta llegar a sus conocidos rostros estáticos, duros, solemnes, como si unos y otros hicieran la conjunción ideal con los muros indígenas de cal y canto.

Dra. Inés M.Flores
Agosto 05 de 1991

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